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Muerte


 —Vas a terminar borracha de lirismo, me dijo. 

 — Ya lo estoy —le contesté. 

Morí dos años después de coma enamoratoso.

En mi autopsia, el forense levantó cada pliegue de mi cerebro y cuidadosamente  extrajo, con finas pinzas, miles de palabras y un agujero negro.

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